Sta. Rocio de Dorrego

SANTA ROCIO DE DORREGO

Con raro apetito despierta este cerdo amorfo de sentimientos. Guiado solo por un latido eyaculador sale a regocijar su miseria por el barrio. Babosa lepra sádica, la que se esconde bajo su cuero, lleva consigo el infierno de quien esa mañana ardería olvidada entre el silencio de un paisaje desolado. En un doce naranja dirigió su rancio veneno y su furia hacia tan solo 10 años de vida. Diez años, que de un golpe arrebatará de manera bestial. Feroz abuso a una infancia quemada. La pilcha desgarrada, hecha jirones y teñida de un rojo que quedará grabado en la memoria de quien hasta ese momento solo soñaba en saltar. Si la hubiesen dejado lo habría intentado, un salto que la escupa de ahí a cualquier parte, que la lleve lejos, pero ese día Dios no tenia preparado ningún milagrito para ella. Ochocientos metros la traen de regreso a la tierra, bestialmente herida. Aunque ya no hay diferencia entre tierra, cielo e infierno. Solo un dolor marcado a fuego en lo más profundo de una inocencia hurtada la liga a esta realidad. Lagrimas que no llegan a lavar ese relato que nunca esperamos oír, y los restos de horribles recuerdos, ya embalados y adheridos en su cabello. En bicicleta viajaba hacia el aro hasta toparse con la crueldad de unos ojos de vidrio, claros como la más negra de las pesadilla que amordaza y ata de pies y manos la integridad de Rocío. El grito hecho ladrido se confunde entre perros sordos y ciegos. Donde los sabuesos no llegan. Un golpe Stilsson que es un rayo de chispa fría y cruel que una vez tiesa enciende el olvido de un momento de goce carnal violador de la infancia natural de 10 años. Con brutalidad, salvajismo y a fuerza de sus golpes el macho marca la conciencia y sepulta en el corazón de Dorrego, el dolor de un moretón en la cara que nunca se irá y la pielcita desgarrada y quemada adherida a la camilla va a dejar su sello de tristeza en los rezos de muchos.